Venezuela · 6 min

La Chinita y las gaitas, lejos de Maracaibo

Para un maracucho, noviembre suena a gaita. Lejos, ese sonido aprieta.

Un cuatro y unas maracas apoyados en una pared con una estampa de la Virgen de Chiquinquirá

Para quien es del Zulia, noviembre no es un mes cualquiera. El 18 se celebra a la Virgen de Chiquinquirá, la Chinita, y desde semanas antes Maracaibo se llena de gaita: en los carros, en las fiestas de oficina, en las calles cerca de la Basílica. Es fe, es música y es identidad. Cuando estás lejos, en Panamá, en Madrid o en Bogotá, ese sonido que llega por una lista de Spotify puede alegrarte el día o dejarte un nudo en la garganta.

Lo que la gaita trae

La gaita tiene algo de protesta, algo de fiesta y mucho de nostalgia. Muchas de las letras hablan del lago, de la tierra, de los que se fueron. Escucharla lejos remueve recuerdos muy concretos: la casa de la abuela, el puente, una Navidad en particular. No hace falta evitarla para no sufrir. A veces llorar con una gaita es la forma más sana de extrañar.

La fe lejos de la Basílica

Para muchos zulianos, la Chinita es algo profundamente personal. Lejos, hay quienes mantienen la devoción con una estampa en casa, una misa en la parroquia de su ciudad o uniéndose a otros zulianos en una celebración. Mantener esa costumbre no es quedarse en el pasado; es llevarse contigo algo que te sostiene.

Los que se quedaron en el Zulia

En Maracaibo también se vive distinto: familias con varios hijos fuera, los cortes de luz y de agua que se han hecho parte del día a día, el calor sin aire acondicionado. Para quien se quedó, ver que la feria sigue, aunque más pequeña, es también un acto de resistencia. Llamar el 18 de noviembre y preguntar cómo estuvo la procesión puede significar mucho.

Enseñarlo a los hijos

Muchos niños zulianos crecen fuera y conocen la gaita solo como «la música de papá». Ponerla en casa, contarles qué significa, enseñarles una letra, ayuda a que sientan que también es suya. No se trata de obligarles, sino de darles la opción de reconocerse en ella.

Las fiestas de oficina con gaita

En noviembre, en Maracaibo, cualquier oficina tiene su fiesta con gaita. Lejos, esa costumbre a veces se replica: venezolanos que llevan una gaita a la fiesta de fin de año de su trabajo en Bogotá o en Madrid y la explican a sus compañeros. Compartirla con gente de otros países es una forma de que tu historia tenga lugar donde vives ahora. Y si nadie la entiende, no importa: la bailas igual.

Si noviembre te pesa

Si estas fechas te ponen triste o te despiertan dudas sobre volver, en una sesión podemos mirarlo con calma. Conozco ese nudo, porque también lo tengo. La Sesión de Diagnóstico es una llamada de 45 minutos desde cualquier país.

Preguntas frecuentes

¿Es normal sentir nostalgia tan fuerte con la música?

Sí. La música está ligada a la memoria emocional. Es una de las formas más comunes en que se despierta el duelo migratorio.

¿Puedo consultar sobre si regresar al Zulia?

Sí. Es una de las preguntas que más llegan, y se puede mirar con calma. Hay más en regresar a Venezuela.

¿La consulta es por videollamada?

No. Es una llamada de voz por WhatsApp, sin cámara.

¿Qué hago si en noviembre me entran ganas de volver?

Date tiempo antes de decidir. La nostalgia de las fechas es real, pero conviene mirar la decisión también en un mes cualquiera, con la cabeza fría, y comparar lo que dejarías en cada lado.

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